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divendres, 19 d’octubre de 2012

El Nilo Azul. Testimonio de un mundo olvidado.



Desde Addis Abeba, capital de Etiopía sale una ruta hacia Debre Markos, centro de la antigüa provincia de Goyan. Una ruta hermosa y placentera por las altas planicies de Shoa hasta cortarse en las majestuosas Gargantas del Nilo Azul: Un  abrupto desfiladero hacia las altas mesetas del Goyan. Una orografía indómita  y cuyo río con las crecidas anuales bloqueaban el paso, creando una barrera natural que obstaculizaba hasta no hace mucho el paso entre ambas provincias.


El autor intenta adentrarse en la gran riqueza cultural de una maraña de pueblos, sudaneses i etíopes, que se extienden por la cuenca del río y sus incontables afluentes, dando testimonio  de un mundo en el olvido. Llevando consigo las memorias que han legado algunos de sus admirados grandes viajeros del siglo XIX, en que la exploración de las tierras africanas alcanzó su culminación. Contó también con otras figuras que en los siglos XVII y XVIII dejaron un valioso testimonio escrito de las tierras atravesadas por el río.


Con la intención de indagar el presente de esos pueblos Javier Gonzálbez  pretende rescatar del olvido ese universo que les rodea con el río como hilo conductor y su memoria que ha permanecido olvidada bajo una losa del silencio y nutrirse de conocimientos que podría dar a conocer. Por otra parte deseando irrumpir en el Nilo Azul y dar testimonio de las vivencias de la diversidad humana que acoge el río. Unas vivencias que le estremecieron, pero que le enriquecieron interiormente ya que entraron a formar parte de él las esperanzas y desesperanzas de unos pueblos que siempre  estuvieron en la parte perdedora.


Este libro pretende contribuir a un entendimiento de las tierras del Nilo Azul, pero también mostrar que esas tierras africanas son un diminuto modelo de cómo la hermosa, culta y variopinta África permanece culturalmente subestimada.  El dominante occidente, llevado por inercias colonialistas, oculta bajo un prepotente caparazón de menosprecio una profunda ignorancia  sobre los valores del continente africano.  Siempre se aprende algo y quizás en el transcurso de dicha enseñanza resulte esencial comprender que las diferencias nos enriquecen.  Podemos  ataviarnos con rasgos identitarios de nuestra cultura, pero ante todo, el hecho común del hombre: la identidad que se consolida en sus tradiciones y cultura y que encuentra refugio en bellos sentimientos, que llora y ríe por igual y aspira a una vida noble.

Autor: Javier Gonzálbez.   Ed. Altaïr.

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